Hoy te he visto volar hacia el sur…
En medio de una nube blanca…
Sobre un mar manchado de espuma…
Te he visto sorteando, el añil del arco iris…
Todavía bañado por la lluvia…
Todavía embriagado de azul…
Todavía cercano…
Todavía feliz.

 

Dawn 9 septiembre 2017

 

 

 

Las estrellas del cielo,
luces de los desheredados,
rios de plata conforman, guirnaldas de almas, 
caminos alados que llevan a Dios.

 

Dawn 22 de agosto 2017

 

Viento del norte
sigiloso desplaza
al cálido sur…

Suaves arenas
conchas blancas y coral
regresan al mar…

Duerme corazón
silencia el latido
pues él, ya marchó.

 

Dawn 8 agosto 2017

Quizás, a pesar del tiempo, se acuerde de mi esta tierra…

A la que se le atribuyen innumerables leyendas, cuentos y addagios, pero nadie habla del cielo, de los elementos que conforman su marco…

En el bocado frio de la mañana, ocasionalmente, puedes ver por entre la niebla un rayo de sol, tímida y tibia luz que te embauca con falsas promesas de que el día se tornará azul , y en cuanto elevas de nuevo la vista al cielo, vuelta al gris, el gris de París, el gris de Monet, de Sisley, de Cezanne, Matisse…

El cielo en constante llanto, lluvia fina de desencanto por promesas huidas, cantos de sirenas y barcas que nunca verán la luz del faro.

Gris, gris que te envuelve en bruma y te promete tardes de fuego en el hogar y de relatos de meigas y lleno de vino mi copa de vidrio, esperando el milagro.

A pie regresan mis pensamientos, mis nostalgias, mis relatos del tiempo…

Tus velas desplegadas en mi rosa de los vientos y mi alma encadenada a tu esencia de tímida sonrisa por mi regreso…

 

           

Dawn 4 agosto 2017

Aquel dia mi vida

dejo de ser vivida

para ser padecida.

 

Dawn 1 de agosto 2017

 

El pájaro del tiempo

para su vuelo

carece de espacio

 

 

Dawn 20 julio 2017

                           

La vida para otros…
Desde el cuadro de la ventana, las nubes que dan sombra a las aceras calientes, el pico borroso del monte de La Magdalena, el sudor del que camina por caminar y pensar en no pensar…

Entra la luz en mi casa , pero ya no es para mi. La brisa que llegaba hasta el pasado abril cargada de la flor del naranjo, del salitre, del frescor de las hojas rebañadas al rocio, y la sintonía de la vuelta ciclista , ya no son para mí.
Ya ni mis palabras, hasta ayer mías, dirigidas con o sin voz a perdurar el cariño, a buscar en su interior un destello de amor, limitar sus dudas, aunque sigan siendo mis dudas, hasta ayer… ya no son para mí.
Ya en mi piel no se detiene el color del verano, ni la brisa del verano, ni tan siquiera el frío de las madrugadas de enero, ese helor que me entraba por los pies y se quedaba entre los dientes, castañeteando…ya no es para mí.
Las fotos pegadas al álbum, de aquella vida, de todas las otras vidas pasadas, agotadas, entregadas a otros, invertidas en otros y hasta hoy con la esperanza de volver…para entregar de nuevo, para invertir de nuevo, ya no son mi vida, no son más que la vida de otros, no para mí.
Siempre antes la mirada clara, la pena detrás de la sonrisa, la canción que me lleva a golpes de estrofa a sacudir lo feo, lo triste y mover los pies, dirigir los pasos en el suelo mirando al cielo, el corazón desbordado de confianza,las manos abiertas, los ojos abiertos, los días abiertos a lo que va a ser, será…ya no son para mí.
Ya la vida es de otros, no para mí.
Dawn 18 abril 2017

 

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Despacio…, seguía avanzando hacia el centro de los pasillos, a escasos pasos de ella, ya las sombras engullían los primeros estantes repletos de libros, su instinto le hacía caminar cada vez más lentamente.
Prestar atención a cualquier sonido que le llegase de su alrededor.
Observar la penumbra, e intentar estar alerta a cada movimiento, que le pudiese llegar más allá del límite, de unos pocos centímetros….
El cuadro de luces estaba a unos quince metros por delante de ella, detrás de un laminado móvil, que lo cubría, para disimularlo en la decoración, de la pared del fondo de la sala. Diez, nueve…, le parecía imposible atravesar aquella zona de oscuridad,los enormes ventanales laterales que se abrían al exterior y que dejaban pasar el fugaz brillo de las farolas del parque, quedaban ocultos por las extensas filas paralelas de estantes, con los diferentes libros. La puerta se encontraba detrás de ella, junto a las mesas de lectura y su propio escritorio. En otro mundo, uno real de claridad y sin espectros.
Se obligó a seguir avanzando, un paso más y su silueta ya carecería de sombra…, todo a su alrededor serían sombras.
Por qué no había cogido la linterna – pensó – o un encendedor de los varios que todavía olvidaba la gente. Estiró el cuello para intentar ver en la negrura, alargó ambos brazos y comenzó a caminar como una ciega, una sonámbula entre los libros.
Algo parecido a un suspiro, un soplo, la detuvo en seco. Le erizo el vello. La hizo estremecer y sin poder controlar su inquietud exclamo .- ¿Hay alguien ahí?.¡La biblioteca esta cerrada!. ¡ Llamaré a seguridad si no se va inmediatamente !.
Otro suspiro, quizás como una risilla floja, fue la respuesta. El pánico atenazó su lengua, solo pudo gritar y lo hizo sin control, desesperadamente, al tiempo que retrocedía , dirigiéndose a la puerta de entrada, sintiéndose acechada, cada paso más cerca de su espalda…, rozando sus cabellos, susurrando su nombre.

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Por encima de todas las cosas, planeaba la duda.
Él tenía por cierto que a escasos cinco metros estaba la luz gris, lechosa de otra mañana, las farolas cedían su resplandor amarillento paulatinamente a medida que se alejaban del centro del pueblo. La calidez de la zona habitada, daba paso al frío y a la niebla que constantemente vadeaba el río.
En el entorno, la casa, se mostraba cálida, acogedora, con la vista desde el diminuto porche de madera blanca a su cuidado jardín, donde ella había plantado entre hortensias y magnolias, un limonero que bastaba para llenar las noches del verano de efluvios románticos que gustaba asociar infantilmente, con una bonita casa en el Mediterráneo , o en la Toscana, donde algún día cenarían a la luz de las velas, mientras disfrutaban de una tardía puesta de sol y una copa de vino.
Se revolvió en su lado de la cama enfadado, furioso consigo mismo por tener en cuenta todavía esos pensamientos.
En la calma del dormitorio, le llegaba la respiración pausada, tranquila, cálida de ella, confiadamente dormida a su lado, cubierta apenas con un delicado camisón que se le arremolinaba sobre su cintura y el cabello suave, castaño, siempre limpio y brillante que le caía sobre los hombros.
Era hermosa , al menos a sus ojos, incluso ahora cuando por efecto del calor del cuarto, se le formaban unas diminutas gotas de sudor sobre la pelusilla dorada de su labio superior y en la línea del crecimiento del cabello…Ella era puro deseo, belleza, inocencia…,o quizá no tanto.

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Capítulo uno:

Genia no estaba dormida, sentía la mirada de su marido sobre ella, intentando discernir si fingía o no el sueño, intentando introducirse en su conciencia, en su mente, absorber su esencia.
Sin embargo procuraba aparentar que estaba relajada, sabía que su vida dependía de eso, no podría bajar ya nunca la guardia, estar siempre atenta a sus frases de doble sentido, sus preguntas inquisidoras, sus sospechas. Y no solo por ella, también por Marco…su adorado Marco… Sonrió para sí misma mientras recordaba la última vez que estuvieron juntos.
La noche anterior había cenado en el porche con Bruno y juntos habían estado viendo folletos de viajes por el continente, a él se le veía impaciente, presionándola para que decidiese la fecha , el lugar, los detalles que parecían entusiasmarle, mientras Genia, no podía dejar de ocultar el frío y la impaciencia por terminar la cena y meterse en la cama a soñar con la mañana siguiente, en la que se encontraría con su amante.
El automóvil subía por la calle principal, a esas horas bastante concurrida, las madres abnegadas, se dirigían con sus niños a la puerta del colegio