El ave del tiempo

carece de espacio

para alzar su vuelo

 

Dawn 20 julio 2017

                           

La vida para otros…
Desde el cuadro de la ventana, las nubes que dan sombra a las aceras calientes, el pico borroso del monte de La Magdalena, el sudor del que camina por caminar y pensar en no pensar…

Entra la luz en mi casa , pero ya no es para mi. La brisa que llegaba hasta el pasado abril cargada de la flor del naranjo, del salitre, del frescor de las hojas rebañadas al rocio, y la sintonía de la vuelta ciclista , ya no son para mí.
Ya ni mis palabras, hasta ayer mías, dirigidas con o sin voz a perdurar el cariño, a buscar en su interior un destello de amor, limitar sus dudas, aunque sigan siendo mis dudas, hasta ayer… ya no son para mí.
Ya en mi piel no se detiene el color del verano, ni la brisa del verano, ni tan siquiera el frío de las madrugadas de enero, ese helor que me entraba por los pies y se quedaba entre los dientes, castañeteando…ya no es para mí.
Las fotos pegadas al álbum, de aquella vida, de todas las otras vidas pasadas, agotadas, entregadas a otros, invertidas en otros y hasta hoy con la esperanza de volver…para entregar de nuevo, para invertir de nuevo, ya no son mi vida, no son más que la vida de otros, no para mí.
Siempre antes la mirada clara, la pena detrás de la sonrisa, la canción que me lleva a golpes de estrofa a sacudir lo feo, lo triste y mover los pies, dirigir los pasos en el suelo mirando al cielo, el corazón desbordado de confianza,las manos abiertas, los ojos abiertos, los días abiertos a lo que va a ser, será…ya no son para mí.
Ya la vida es de otros, no para mí.
Dawn 18 abril 2017

IMG_4636

Porque tu amor y tu sonrisa han apaciguado muchas de mis tormentas, siempre estaré en deuda contigo.

Feliz cumpleaños!

” Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo”

29/3/2017

 

image

 

Despacio…, seguía avanzando hacia el centro de los pasillos, a escasos pasos de ella, ya las sombras engullían los primeros estantes repletos de libros, su instinto le hacía caminar cada vez más lentamente.
Prestar atención a cualquier sonido que le llegase de su alrededor.
Observar la penumbra, e intentar estar alerta a cada movimiento, que le pudiese llegar más allá del límite, de unos pocos centímetros….
El cuadro de luces estaba a unos quince metros por delante de ella, detrás de un laminado móvil, que lo cubría, para disimularlo en la decoración, de la pared del fondo de la sala. Diez, nueve…, le parecía imposible atravesar aquella zona de oscuridad,los enormes ventanales laterales que se abrían al exterior y que dejaban pasar el fugaz brillo de las farolas del parque, quedaban ocultos por las extensas filas paralelas de estantes, con los diferentes libros. La puerta se encontraba detrás de ella, junto a las mesas de lectura y su propio escritorio. En otro mundo, uno real de claridad y sin espectros.
Se obligó a seguir avanzando, un paso más y su silueta ya carecería de sombra…, todo a su alrededor serían sombras.
Por qué no había cogido la linterna – pensó – o un encendedor de los varios que todavía olvidaba la gente. Estiró el cuello para intentar ver en la negrura, alargó ambos brazos y comenzó a caminar como una ciega, una sonámbula entre los libros.
Algo parecido a un suspiro, un soplo, la detuvo en seco. Le erizo el vello. La hizo estremecer y sin poder controlar su inquietud exclamo .- ¿Hay alguien ahí?.¡La biblioteca esta cerrada!. ¡ Llamaré a seguridad si no se va inmediatamente !.
Otro suspiro, quizás como una risilla floja, fue la respuesta. El pánico atenazó su lengua, solo pudo gritar y lo hizo sin control, desesperadamente, al tiempo que retrocedía , dirigiéndose a la puerta de entrada, sintiéndose acechada, cada paso más cerca de su espalda…, rozando sus cabellos, susurrando su nombre.

image

 image

Por encima de todas las cosas, planeaba la duda.
Él tenía por cierto que a escasos cinco metros estaba la luz gris, lechosa de otra mañana, las farolas cedían su resplandor amarillento paulatinamente a medida que se alejaban del centro del pueblo. La calidez de la zona habitada, daba paso al frío y a la niebla que constantemente vadeaba el río.
En el entorno, la casa, se mostraba cálida, acogedora, con la vista desde el diminuto porche de madera blanca a su cuidado jardín, donde ella había plantado entre hortensias y magnolias, un limonero que bastaba para llenar las noches del verano de efluvios románticos que gustaba asociar infantilmente, con una bonita casa en el Mediterráneo , o en la Toscana, donde algún día cenarían a la luz de las velas, mientras disfrutaban de una tardía puesta de sol y una copa de vino.
Se revolvió en su lado de la cama enfadado, furioso consigo mismo por tener en cuenta todavía esos pensamientos.
En la calma del dormitorio, le llegaba la respiración pausada, tranquila, cálida de ella, confiadamente dormida a su lado, cubierta apenas con un delicado camisón que se le arremolinaba sobre su cintura y el cabello suave, castaño, siempre limpio y brillante que le caía sobre los hombros.
Era hermosa , al menos a sus ojos, incluso ahora cuando por efecto del calor del cuarto, se le formaban unas diminutas gotas de sudor sobre la pelusilla dorada de su labio superior y en la línea del crecimiento del cabello…Ella era puro deseo, belleza, inocencia…,o quizá no tanto.

image

 

Capítulo uno:

Genia no estaba dormida, sentía la mirada de su marido sobre ella, intentando discernir si fingía o no el sueño, intentando introducirse en su conciencia, en su mente, absorber su esencia.
Sin embargo procuraba aparentar que estaba relajada, sabía que su vida dependía de eso, no podría bajar ya nunca la guardia, estar siempre atenta a sus frases de doble sentido, sus preguntas inquisidoras, sus sospechas. Y no solo por ella, también por Marco…su adorado Marco… Sonrió para sí misma mientras recordaba la última vez que estuvieron juntos.
La noche anterior había cenado en el porche con Bruno y juntos habían estado viendo folletos de viajes por el continente, a él se le veía impaciente, presionándola para que decidiese la fecha , el lugar, los detalles que parecían entusiasmarle, mientras Genia, no podía dejar de ocultar el frío y la impaciencia por terminar la cena y meterse en la cama a soñar con la mañana siguiente, en la que se encontraría con su amante.
El automóvil subía por la calle principal, a esas horas bastante concurrida, las madres abnegadas, se dirigían con sus niños a la puerta del colegio

IMG_0295

Azalea, magnolia, azahar y brisa del mar…

Quebrado el espacio, el hechizo, el fatuo recuerdo de amar…

Sola, única soledad de andar y desandar y volver a andar el vetusto pasillo…,de existir.

Marea que eleva sobre las conchas, la nívea espuma de un océano bravo, añil y bizarro.

Sonata en DO mayor, sinfonía de besos, caricias y esperanzas ancladas en postes de amargo desdén.

Fiebre, pensamientos febriles, llanto callado que arrasa y quema y empapa y limpia el alma…

Esperando la próxima embestida de esta, pavorosa melancolía.

Dawn 10/1/2017

DOnde comienza este relato es un lugar de la memoria, escondido en la leyenda de una verdadera historia.

REcuerdo el sonido del otoño bajo mis pies, los aromas de su esencia  y el sabor ácimo de su ausencia.

MI hogar, mi reposo, la calidez del abrazo, la candidez de tu espera.

FAvor que me hizo el destino ahogando mis deseos, plegarias vanas que arrebataron mi juicio.

SOLa, solamente una vez fui capaz de amar y no si se seré incapaz de regresar.

LA tierra dulce, la salada mar, vago entre ambas y al acecho estoy del rumor verde del río , de la sombra abrupta del límite de la ciudad.

SI de un hechizo se tratara, un brebaje amargo, pócima letal que tomara, nada, nadie, de mi amor jamás dudara.

Dawn 4 diciembre 2016
IMG_0225

Era un gran muchacho, muy avispado, con unos ojitos chisposos y siempre vivaces, su nariz diminuta, le daba un aspecto muy travieso que completaban los dientecitos bien afilados y ordenados en su sonrosada boca.

Hacia honor a su nombre, tenía el cuerpo suave y blanco, perlado, compuesto por gráciles anillos que se retraían sobre sí mismos,al menor atisbo de miedo, transformándose en una preciosa perla nacarada, que vivía su existencia feliz, entre sus padres y hermanos.

.- Papa- dijo cierta mañana, arrugando su pequeña frente y dándole un aspecto preocupado que, le hacía todavía más adorable – papi, ¿qué haremos si un día somos demasiados y ya no podemos seguir viviendo aquí ?.

Su padre le miro orgulloso, ciertamente era el más listo de todos los de su familia, le sonrió y  procuro tranquilizarle con estas palabras.

.-No te preocupes Perlita, Dios nunca nos abandona, solo hemos ocupado, de este primer cuerpo la rodilla…, quedan veinte en este lado y esto, no es más que la primera fila del cementerio.

image

Dawn 1 dic 2016

                                         IMG_0034

La noche pasada arreció la tormenta, pero milagrosamente, el día amaneció despejado, Georgina, de una patada, se desprendió del edredón que calentaba su cama y salió desde el dormitorio al pasillo de la primera planta, donde estaba situado el baño que compartía, con las otras damas de la mansión. El cuarto de aseo, estaba caliente y eficazmente adaptado a la época actual, aunque la residencia fuese una añosa construcción del período victoriano.

Georgina se lavó, peinó y vistió convenientemente para desempeñar sus funciones y descendía ya la escalera hacia la planta baja, cuando comenzaron los murmullos propios del despertar, de los otros residentes. Se dirigió inicialmente a la cocina, situada entre los talleres y el gran salón. La pieza era un espacio sumamente agradable, por sus efluvios y parloteos del personal, desde primeras horas de la mañana. La cocinera rechoncha y sonrosada, como se esperaba de alguien de su condición, se afanaba en terminar la presentación de los platos, que conformarían el desayuno, (café, té, tostadas de pan blanco, mantequilla y mermelada casera, huevos, miel, salchichas y jamón dulce, además de pastel de riñones, servido ocasionalmente) personalmente le parecía un desatino, pero eran las normas…
El servicio, incluido todo el grupo de apoyo, desayunaba en la cocina, aunque no por eso lo hacían de modo más frugal, sino que habitualmente lo constituía, las sobras de la noche anterior (pastel de carne o ave frío, lonchas de cordero, verduras cocidas y té o café).
Con estas reservas, no era de extrañar que los ánimos siempre estuviesen, debidamente sosegados.

La joven, después de saludar al conjunto, se encaminó hacia el salón del comedor, éste era una pieza muy luminosa, con grandes ventanales cubiertos de pesadas cortinas de terciopelo, que cada noche se cerraban al exterior y proporcionaban a la estancia la privacidad anhelada. Justamente lo apropiado en instituciones como esta.

Sus pasos la acercaron a la imponente chimenea de madera, en donde el fuego ya prendido, chisporroteaba alegremente.
“… En sus sentidos, los sutiles aromas, al abrir espontáneamente uno de los ventanales que dan al jardín, se superponen… Junto a las hortensias del parterre y los limoneros del huerto, la fragancia de cera de abejas y roble del pulido suelo y de los muebles bien bruñidos, la hacen eclosionar de placer…”
Georgina miró hacia la hermosa araña de cristal de Murano, que estaba suspendida sobre el centro de la mesa, resplandecía por los reflejos del fuego precoz, mientras la cocinera disponía el suntuoso aparador con los acopios de exquisiteces.
Una voz la sacó de su ensoñación.
-¡Buenos días Georgina!
-¡Buenos días Lady Ascott! -respondió ésta rápidamente.
Desde la puerta del jardín aneja al pequeño porche, se coló dentro de la casa, una mujer de extraordinaria presencia. Solo su visión producía escalofríos. Parecía la estampa de una nueva Dama de Shalott, surgida de las brumas del amanecer en los páramos.
Lívida, considerablemente alta y huesuda, con el cabello recogido en dos larguísimas trenzas, que se deslizaban una a cada lado de su hermosa cabeza, sujetaba con fuerza una pequeña hacha de podar, bastante sucia por cierto. Vestía un atuendo largo y transparente, con una especie de túnica o pashmina superpuesta, de colores marrones, rojos y anaranjados.

“Menos mal que no va totalmente desnuda” -fue el primer pensamiento de Georgina, después esperaba que el rojo del pañuelo, no fuese sangre…
-¿A quién vamos a matar hoy? -preguntó Milady.
-Ha descansado bien, presumo -el vozarrón del coronel sonó estrepitoso entre el aparador y la artillería de menaje del desayuno.

-Pues presume Ud. bastante mal por cierto, el apestoso gato del cancelero, no me ha dejado pegar ojo en toda la noche con sus mugidos.
-Maullidos, Milady…
-¡Eso es lo que he dicho!… A los que se ha unido un coro de voces, que parecían querer soliviantarme a toda costa.

-Ha dado a luz esta noche a cinco preciosos gatitos Milady, son adorables, todos blancos y las orejitas marrones -señalaba Georgina, mientras sonreía condescendiente. -¡Entonces es una gata! -apuntó el coronel.
-¡Por eso estaba tan gordo! espero que a partir de ahora no sea tan tragón -aseveró Milady, mientras rozando con sus velos al coronel, dirigía sus pasos como si de una estela se tratase, hasta el buffet.
-Está Ud. verdaderamente arrebatadora esta mañana mi querida amiga, tome asiento a mi lado e inúndeme los sentidos con sus perfumes…
-¡Ni en sus mejores sueños coronel! debo sentarme próxima a las ventanas, no puedo distraer mi atención de la última escena del crimen, cualquiera sabe de lo que son capaces, estos ineptos policías del barrio.
Durante unos momentos el murmullo de las voces se silenció y dejo paso a los sonidos cotidianos de las tazas y platillos de té chocando entre si. Los cubiertos de plata labrada, arañando las fuentes repletas de huevos, jamón, salchichas…, y los susurros corteses de los allí presentes, mientras se pasaban y compartían el pan y la mantequilla.

Uno a uno, los restantes comensales fueron poniéndose cómodos y disfrutando de su mutua compañía.
Ubicado en el centro de la sólida mesa de comedor, lo que parecía un tímido muchacho, disfrutaba casi tanto como su interlocutora, del relato que compartían.

-Se mecían como dos juncos verdes… -seguía con su descripción romántica de la pareja de amantes, protagonistas de su fantasía, de la noche pasada.
-¡Ah Dorian¡ ni el mismísimo Lord Byron, podría relatar de modo tan sutil, el amor de esos jóvenes.

Era la aflautada voz de Mme. Tussauds. Su mirada increpaba sin descanso al joven poeta, mientras que sus rancias manos, bien cuidadas pero de piel transparente y cerúlea, se agarraban a las florituras de encaje del mantel, arrugándolo en su énfasis de pasión vetusta.

Rodeando la sala, Georgina se reclinó ante la silla de ruedas del Sr. Dogen (el cocinero iluminado), era su Gurú particular. Antaño, bastante peligroso con sus brebajes, pero ahora un adorable anciano, que dormitaba con su taza de té ya vacía, descansando peligrosamente sobre sus piernas. La mañana prosperaba luminosa, y los tempranos rayos de sol calentaban el espacio del cuadrado de las ventanas, haciendo estas plazas muy acogedoras.

Dogen llevaba un turbante de pura seda color carmesí, de más de un metro de largo, escrupulosamente colocado sobre su cabeza. El indio poseía un tono de piel rojizo tostado y un cuerpo flaco y descarnado. Fibroso, antes de verse sometido a la inmovilidad de la silla de ruedas. En su rostro destacaban unas cuencas negras y brillantes que asemejaban ojos y una sonrisa desdentada, inicialmente blanca como el marfil.

-Maestro, -le susurró dulcemente Georgina- ¿qué vamos a cocinar hoy?

El rostro del indio, se avivó y dejó caer una babilla de satisfacción entre las comisuras de los labios.
-¿Unos fideos Mian con semillas de Belladona?, y para el buen doctor ya sabes, bien especiados…

No pudo reprimir una sonrisa cadenciosa, que se transformó en un embate de tos y eructos que le sacudieron violentamente, hasta casi experimentar un ataque asmático. -Como es habitual, nuestro Gurú se muestra en su estadio más desagradable e inapropiado, para los que deseamos disfrutar de este momento del día -le increpó el galeno.

-Dr. Cardamomo, mi héroe, mi seductor… -intervino Milady- se acercaba serpenteante, desde el extremo opuesto del comedor, paseando distraídamente la mirada entre los asistentes, mientras jugaba descuidadamente con el trinchante del jamón, entre sus elegantes y delicadas manos.

-Lady Ascott… -respondió el doctor situándose frente a ella, en un rápido movimiento que la sorprendió- No debemos dejarnos llevar por la impaciencia, ¿me permite?, yo mismo le serviré un poco de éste delicioso jamón dulce -le susurró mientras hacía suyo el cuchillo de mesa.

Sonrió sutilmente a Georgina, quien en este momento, parecía ausente del grupo, sujetaba con su mano derecha, una delicada pieza de Sèvres para el té, mientras que con el índice de su mano izquierda, no cesaba de dar golpecitos sobre un montón de carpetas de cartón, repletas de recortes de prensa y lo que parecían ser informes médicos.
-¿Va todo bien? -le preguntó Cardamomo- mientras tomaba asiento a su lado y se disponía a dar buena cuenta, de una generosa porción de jamón con miel.
-¡Claro que si! todo irá espléndidamente, mientras estemos dispuestos a atacar sus órdenes -era la voz meliflua de Milady la que respondía.

-Acatar, Milady, acatar… Le corrigió nuevamente el coronel.
-¡Pues eso también! -manifestó alzando su mano con desdén y acompañándola de un fastuoso mohín continuó -y sugiero que deje ya de corregirme, si no desea que le introduzca la tetera, por ese “culo puntiagudo” que ostenta…, mi queridísimo amigo. Dorian estalló en una espontánea carcajada y a él se le sumaron todos los presentes, originando así una atmósfera de regocijo en la sala.
-¡Ejem!… Lamento la interrupción damas y caballeros, pero el deber me obliga a presentarme tan abruptamente en su hogar…
Fue la entrada en el comedor, de un personaje de aspecto oriental, portentoso y elegantemente vestido, que se ajaba el sombrero a modo de saludo y sonreía cínicamente, al delatar su presencia.
-Inspector de policía Kita Holmes -dejó “caer su nombre” y tras esperar unos segundos para comprobar que creaba el efecto buscado, prosiguió sosegada, pero firmemente. -Como ya estarán enterados, se ha producido un terrible incidente esta madrugada y mis hombres y yo, hemos sido designados por la brigada criminal, para esclarecer la situación de forma segura e inminente -concluyó repasando con su mirada a todos los presentes.
-¡Coronel de Reserva, Serapio Watson! -saltó de su asiento ofreciéndole la mano- ¡me pongo a su disposición de inmediato señoría! Este lugar ha sido contaminado, vilipendiado y puesto “patas arriba” demasiadas veces, por ineptos policías que únicamente saben hacer agujeros en el jardín, con el repetido malestar y molestia que esto nos origina.
-¡Ciertamente¡ -apoyó el Gurú- únicamente hay que saber identificar las señales, para hallar el camino…

-¡Método señor mío, método! -estalló el puño en la mesa, al replicar con esta frase, el doctor.
Sin variar ni un ápice la perspicaz situación del momento, la anciana dama, con un breve carraspeo, se dejó oír por encima de los asistentes.

-Estoy deseando probar esta nueva confitura de cicuta… ¿me sirves un poquito en la tostada querida? -con la rebanada en la mano extendida, Mme. Tussauds se dirigía a Georgina afablemente- Ya casi son las once y me estoy asesinando encima…
-Bien señores, ya advierto su buena disposición -continuó Holmes- ¿quién desea ser hoy finiquitado…?

…..
Georgina se despertó de muy mal humor. Somnolienta se arrebujó bajo el suave

edredón de plumas, perezosa. El aire puro que penetraba por la ventana de guillotina entreabierta y la soleada mañana, no hicieron sino acrecentarlo.
Apenas hacía un par de horas que había conseguido relajarse y conciliar el sueño, los mugidos de algún gato mugriento y perdido, la habían mantenido despierta casi toda la noche…

Dawn.
Marzo de 2014

Fin.

 

                                              IMG_0033

Screenshot_3

 

Sin dudarlo, yo te cambiaría,

tu soledad por la mía.

Mis recuerdos, por tus besos,

plagados de amaneceres.

Tu sonrisa, por mis venas,

y la vida que va por ellas.

Sin dudarlo, yo te cambiaría,

mi punzante tierra, por tus serenas arenas.

Yo te cambiaría, mi empañada aurora,

por tu dulce sueño, que raya en la noche helada.

Y la brisa que te acoge,

la cambiaría, sin dudar, por volver a llevar,

 mi nombre, en tu barca.

Dawn 30 de agosto 2016